El dildo (o, tal y como se le llamaba hasta no hace mucho, consolador) es, seguramente, el juguete erótico por excelencia. Él es, seguramente, el más antiguo de todos. Hay quien asegura, apoyándose en algunos descubrimientos arqueológicos encontrados en Alemania, que ya en la Edad de Piedra existían dildos. Pensándolo con frialdad, no cuesta imaginar a una mujer prehistórica masturbándose con un falo de piedra. Después de todo, el deseo sexual es consustancial al ser humano y el dildo es un instrumento fantástico para satisfacer ese deseo produciendo, a su vez, un gran placer a aquella persona que se sirve de él.

En el mercado se pueden encontrar dildos de todos los tamaños y formas. Grandes dildos fabricados a partir de un molde elaborado a partir de los penes de los grandes actores del cine porno compiten con maravillas de silicona con forma futurista y diseño elegantísimo. Elegir el tamaño adecuado es importante. No siempre lo más grande es lo más adecuado. Un dildo de tamaño excesivo puede resultar incómodo para la mujer. Y la incomodidad está reñida directamente con el placer. Conocer bien la propia sexualidad es importante para elegir bien el dildo adecuado.

Lo mismo podría decirse de los materiales con los que están elaborados. De goma o plástico, de silicona o vidrio, el dildo es, para muchas mujeres, el máximo garante de una sesión exitosa de sexo. Solas o en compañía, las mujeres van aprendiendo poco a poco a contar entre sus bienes más preciados la presencia insustituiblemente duradera y fiel de un buen dildo.

Hay fanáticas del vidrio que defienden a este material sobre los demás. Destacan su elegancia, su fácil higiene, su durabilidad, su funcionamiento en el agua, su aceptación de cualquier tipo de lubricante y las posibilidades que ofrece para experimentar con los cambios de temperatura para defender la idoneidad de este tipo de dildos. Otras, menos sofisticadas, defienden el uso de materiales más modernos e igualmente higiénicos como puede ser la silicona. De fácil limpieza y suave contacto, la silicona es la reina entre los materiales usados en los juguetes para adultos en general y en los dildos en particular.

Para usar un dildo es imprescindible el uso de un buen lubricante. No usar lubricante supone arriesgarse a sufrir algún tipo de irritación. También es importante saber regular la respiración. Siempre será más placentero el uso del dildo si se mantiene una respiración larga y profunda que si se respira corta y agitadamente. La respiración larga y profunda lleva mayor cantidad de sangre a las zonas erógenas y la hace más sensible. Relajarse y explorarse lentamente con el dildo es la mejor manera de alcanzar un orgasmo intenso y placentero.

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