Cuando se habla de sexo se acostumbra a echar mano de expresiones como pasión desbordada, arrebato, fiereza en el lecho, deseo incontenible… Todos estos conceptos remiten a una idea del sexo en el que la pausa no existe y en el que todo viene a ser algo así como el descorche de una botella de cava: algo tan explosivo como instantáneo, tan llamativo como breve. Esa idea del sexo que surge como fruto de un apresuramiento provocado por la incontenible y desbordada pasión nos habla en cierto modo de un sexo en el que la mente tiene poco que decir porque todo lo dice el cuerpo, que se ve arrastrado a una hoguera en la que todo, empezando por la conciencia, se funde.

El sexo concebido de esta manera ha sido calificado con demasiada frecuencia como “sexo del bueno”. Así, el revolcón rápido o, dicho de otro modo, el sexo fugaz, ha sido colocado, de alguna manera, en el top ten de las relaciones sexuales. Es fugaz porque es fruto de la pasión. Es rápido porque así lo desean los cuerpos, rebosantes de libido. Pero… ¿y si el sexo se disfrutara o fuera de otro modo?, ¿y si las relaciones sexuales se vivieran de un modo más sereno y calmado? ¿Sería ese sexo un sexo de segunda o de peor calidad? Los defensores del slow sex se oponen a dicha concepción negativa del sexo pausado. Es más: para ellos es precisamente el slow sex el mejor sexo concebible, el más adecuado para que una pareja disfrute de su sexualidad.

Lo importante es el camino

Para los defensores del slow sex, el rapidito o el «aquí te pillo y aquí te mato» no son sino el reflejo de una sociedad que nos ha acostumbrado a la inmediatez y a desear conseguirlo todo del modo más rápido posible. Y en ese todo, afirman los defensores del slow sex o sexo sin prisas, podemos incluir muchas cosas, desde cualquier objeto de consumo hasta el orgasmo que pone punto y final a un encuentro sexual.

¿Qué es exactamente el slow sex y de dónde surgió este concepto? Para encontrar el origen del término slow sex debemos fijar nuestra atención al mundo de la gastronomía. Fue ahí, en ese universo en el que tantas cosas se ponen en cuestión día tras día, donde surgió el concepto de «slow food» o, dicho de otro como, «comer despacio». Este concepto, que hacía referencia al hecho de comer de una manera más lenta para, de ese modo, poder disfrutar más de la comida y aprovecharse de los nutrientes aportados por ella, nacía con carácter de opositor a algo que se había ido poniendo progresivamente de moda: el «fast food» o comida rápida.

Lo que se dio en el mundo de la gastronomía o, si se prefiere, de la comida, llegó a otros ámbitos de la vida. El mindfundless, por ejemplo, que es una forma de encarar el día a día o, dicho de otro modo, una filosofía de vida, que se basa, en resumidas cuentas, precisamente en eso: en hacer las cosas con calma, prestando atención a cada detalle mientras ponemos en ellas nuestros cinco sentidos.

El slow sex, en cierta medida, entronca con esta filosofía de vida y también de un modo más o menos directo con las disciplinas tántricas. Y es que para el defensor del sexo lento lo importante no es el fin, sino el viaje. Esto, llevado al sexo, quiere decir ni más ni menos que lo importante en la relación sexual no es el orgasmo ni si éste llega antes o después, sino todo lo experimentado y vivido hasta llegar a ese orgasmo.

Y es que el orgasmo, más que la guinda del pastel, el premio final, se convierte en muchas ocasiones en una fuente de preocupación, en una obsesión. Muchas mujeres se obsesionan con el orgasmo porque creen que no van a llegar a él. Para muchos hombres, por el contrario, la obsesión con el orgasmo tiene que ver no tanto con el hecho de no llegar a él como con el de alcanzarlo demasiado pronto. O sea: si la mujer teme la anorgasmia, el hombre teme la eyaculación precoz.

Para eludir estos temores, hombre y mujer pueden recurrir a la práctica del slow sex. Para ello hay que evitar la parte animal del sexo y potenciar lo sensorial teniendo siempre en cuenta que los ritmos sexuales de las dos personas serán siempre distintos y que para conseguir los efectos beneficiosos del slow sex hay que respetar dichos ritmos. Respetando dichos ritmos, los lazos íntimos de la pareja se estrechan, se enriquece la vida sexual y, por tanto, la rutina, tan adormecedora del sexo en el seno de la pareja en tantas ocasiones, disminuye.

¿Cómo practicar slow sex?

Para practicar el sexo lento, ¿qué pasos se han de seguir? Básica y fundamentalmente, los siguientes:

  • La práctica del slow sex no acostumbra a ser fruto del azar, máxime teniendo en cuenta que requiere de cierto margen temporal. Por eso hay que fijar un tiempo y una fecha para ponerlo en práctica.
  • Una buena manera de iniciar una sesión de slow sex es mediante una ducha compartida. La ducha puede aprovecharse para utilizar aceites esenciales que den suavidad y aroma a la piel. Como hemos indicados anteriormente, el sexo lento se basa fundamentalmente en realizar pausadamente todas las prácticas que formen parte del acto sexual y en potenciar el uso de todos los sentidos.
  • Las parejas que practiquen slow sex deben mirarse profundamente a los ojos. Esa manera de mirarse servirá para intensificar el nivel de compenetración.
  • Durante toda la sesión de slow sex se ha de prestar especial atención a la forma de respirar. Respirar adecuadamente siguiendo las enseñanzas provenientes de las disciplinas tántricas debe servir tanto para retrasar la llegada del orgasmo como para intensificar todas las sensaciones experimentadas.
  • Convertir la caricia en un arte. La práctica del slow sex no puede concebirse sin la caricia. La caricia estimula las zonas erógenas y, modulándose (es decir: no centrándose única y exclusivamente en lo genital), va incrementando, lentamente, el nivel de excitación de los miembros de la pareja.
  • Olerse. El olor de la pareja puede resultar un potente afrodisíaco. Al practicar el sexo lento hay que tener en cuenta el sentido del olfato. Los seres humanos somos animales y, como tales, sensibles a los efectos de las feromonas naturales. Cuando la higiene es la correcta, el olor de los genitales de la pareja puede servir para incrementar el nivel de excitación de los miembros de la misma.
  • Crear un círculo de energía aproximando los labios y coordinando las inhalaciones y exhalaciones de los dos. Así, cuando uno de los miembros de la pareja inhale el otro debe exhalar, y viceversa.

Finalmente, hay que tener en cuenta que los cambios de postura erótica al practicar sexo son parte fundamental del slow sex. Esos cambios de postura que la pareja realiza cuando ya se ha producido la penetración y los genitales están en contacto permiten generar nuevos estímulos y sensaciones en la pelvis.

En resumen: el slow sex tiene mucho que ver con el concepto de estimulación. Para intensificar dicha estimulación y hacerla más variada y efectiva, la pareja puede recurrir al uso de todo tipo de estimuladores eróticos. En el catálogo de productos eróticos de SexshopDreams podrás encontrar una amplia variedad que estimuladores tanto para él como para ella que te podrán ayudar a enriquecer tus sesiones de slow sex.