La intersección entre tecnología sexual (sextech) y bienestar sexual está transformando el abordaje de la disfunción eréctil (DE). Nuevas herramientas , desde apps terapéuticas hasta dispositivos médicos y servicios de telemedicina, ofrecen alternativas complementarias a los tratamientos farmacológicos tradicionales y amplían el acceso a la atención.

En este artículo revisamos pruebas recientes, indicaciones clínicas, limitaciones regulatorias y perspectivas prácticas para pacientes y profesionales. El objetivo es presentar un panorama equilibrado sobre qué funciona, qué está en investigación y cómo interpretar el marketing comercial frente a la evidencia científica.

El mercado de la sextech y bienestar sexual

El mercado global de sextech y bienestar sexual ha experimentado un crecimiento notable. Estimaciones recientes sitúan el valor del segmento sextech en torno a US$33.2 mil millones en 2024, con proyecciones que varían entre US$77 mil millones y hasta US$110 mil millones hacia 2030 según distintos informes de mercado.

Este dinamismo refleja tanto la demanda creciente de soluciones de salud sexual como la inversión en dispositivos, plataformas digitales y servicios directos al consumidor. Las ventas de fármacos para DE por sí rondaron ~US$3 mil millones en 2024, pero el mercado combinado de productos y servicios de bienestar sexual es mucho mayor.

El crecimiento esperado (CAGR de medio a alto dígito) impulsa innovación y comercialización, pero también genera preocupación por la discrepancia entre marketing agresivo y evidencia clínica estandarizada. Por eso es crítico distinguir entre ofertas basadas en datos robustos y servicios aún en fase experimental o comercial.

Comprendiendo la disfunción eréctil: prevalencia y factores clínicos

La DE es común y su prevalencia aumenta con la edad. Estudios clásicos como el Massachusetts Male Aging Study (MMAS) reportaron aproximadamente 52% de DE en hombres entre 40 y 69 años. Revisiones posteriores reportan rangos poblacionales amplios (p. ej. 13, 71%), variación debida a definiciones, muestras y comorbilidades.

La presencia de enfermedades cardiovasculares, diabetes y otros factores metabólicos incrementa notablemente el riesgo y la severidad de DE. Por eso el abordaje debe contemplar diagnóstico integral y manejo de comorbilidades, además del tratamiento específico de la función eréctil.

La heterogeneidad de la población con DE exige opciones terapéuticas escalonadas: desde intervenciones no invasivas y digitales hasta dispositivos médicos y tratamientos quirúrgicos cuando los conservadores no son efectivos o no son tolerados.

Terapias emergentes: Li-ESWT (ondas de choque de baja intensidad)

La terapia con ondas de choque de baja intensidad (Li-ESWT) ha mostrado resultados prometedores en ensayos aleatorizados y metaanálisis. Revisiones que abarcan aproximadamente n≈882 a 1,064 participantes reportan mejoras estadísticamente significativas en IIEF‑EF y EHS frente a sham, indicando un efecto clínico favorable en ciertos grupos.

Una conclusión sintetizada de meta‑análisis resume: “Los resultados apoyan el papel de Li‑ESWT como tratamiento potencial para la DE.” Sin embargo, la evidencia todavía presenta limitaciones: tamaños de estudio modestos, diferencias en protocolos y seguimiento a largo plazo insuficiente.

Las guías y la opinión clínica son cautelosas: la AUA considera la Li‑ESWT en un estatus investigacional/condicional, mientras que guías europeas la recomiendan débilmente para ED vasculogénica leve o en malos respondedores a PDE5i. Además, aunque los ensayos controlados no han reportado eventos adversos graves, falta consenso sobre energía, número de sesiones y duración del efecto.

Dispositivos consolidados: Vacuum erection devices (VED) y prótesis peniana

Los dispositivos de vacío (VED) cuentan con evidencia clínica sólida y un largo historial de uso. Revisiones y estudios históricos muestran altas tasas de éxito clínico y buena continuidad de uso en muchas series; en una encuesta antigua se reportó una continuidad elevada (~83.5%) en una muestra prioritaria.

Los VED desempeñan un rol especialmente consolidado en la rehabilitación post‑prostatectomía, donde su uso programado combinado con inhibidores de la PDE5 ha mostrado mejoras en IIEF y ayuda a preservar longitud y función en algunos pacientes. La heterogeneidad de protocolos limita comparaciones directas, pero la evidencia es favorable.

Para pacientes que agotan opciones conservadoras, las prótesis penianas siguen siendo la solución definitiva con altas tasas de satisfacción registradas por la AUA: media ≈86.2% para modelos inflables y ≈75.1% para modelos maleables. La indicación es clara cuando otros tratamientos fallan o no son tolerados.

Terapias digitales, apps y telemedicina en la DE

Las intervenciones digitales han emergido como herramientas terapéuticas efectivas. El ensayo EDDIG (European Urology Focus, 2024) evaluó una app multimodal (ejercicio cardiovascular, ejercicios de suelo pélvico, apoyo psicológico y educación) y mostró una mejora clínica y significativa en IIEF‑5: +4.5 puntos en el grupo tratamiento vs +0.2 en control (p<0.0001).

Como resumen del estudio: “App‑based therapy of patients with ED provided a significant, clinically meaningful improvement.” Además del efecto eréctil, EDDIG documentó mejoras en calidad de vida relacionada con la enfermedad (QOL‑Med) y en activación del paciente (PAM‑13), sugiriendo beneficios psicosociales.

En paralelo, plataformas de telemedicina y servicios direct‑to‑consumer (Hims, Roman/Ro, etc.) han ampliado el acceso a la evaluación y prescripción de PDE5i, modificando patrones de búsqueda de tratamiento. Los registros del mundo real (p. ej. registros de apps como Kranus Health) complementan los RCTs, aunque la calidad y el diseño de los estudios varían.

Perspectiva clínica, regulación y recomendaciones prácticas

El panorama regulatorio y científico pide cautela: revisiones sistemáticas y grupos como Cochrane destacan la necesidad de RCTs más grandes, estandarización de protocolos (especialmente para Li‑ESWT), y seguimiento a largo plazo centrado en resultados relevantes para el paciente.

En la práctica, la elección entre sextech y opciones convencionales debe basarse en evidencia, perfil del paciente y objetivos. En una línea: sextech ofrece nuevas vías (apps terapéuticas, VEDs, Li‑ESWT comercialmente disponible, telemedicina) con evidencia variable; apps y VEDs tienen evidencias RCT/observacionales sólidas; Li‑ESWT es prometedor pero tratado con cautela por guías; implantes ofrecen alta satisfacción cuando otras opciones fallan.

Los clínicos deben informar sobre el nivel de evidencia, posibles beneficios y limitaciones, y documentar resultados. Los pacientes, por su parte, deben preguntar por evidencias, protocolos y seguimiento antes de someterse a tratamientos comerciales, y considerar opciones multimodales que incluyan manejo de comorbilidades y apoyo psicológico.

Si lo desea, puedo extraer citas textuales adicionales (máx. 25 palabras cada una) de artículos concretos o compilar enlaces directos a los estudios e informes citados para su lectura completa. Esto puede ayudar a contrastar la literatura y clarificar recomendaciones específicas por subgrupos de pacientes.