La salud sexual masculina es un área de creciente interés clínico y tecnológico. En los últimos años han emergido múltiples dispositivos y terapias diseñadas para diagnosticar, tratar y rehabilitar problemas como la disfunción eréctil (ED), la enfermedad de Peyronie y las consecuencias sexuales de la prostatectomía.

Este artículo revisa las principales innovaciones , ondas de choque de baja intensidad, PRP, tracción peneana, bombas de vacío, dispositivos vibratorios, neuromodulación y prótesis, integrando la evidencia clínica reciente, cuestiones regulatorias y recomendaciones prácticas para pacientes y profesionales.

Contexto y prevalencia de la disfunción eréctil

Las encuestas poblacionales recientes en Estados Unidos (datos de 2021) muestran una carga elevada de disfunción eréctil en adultos varones, algo que coincide con informes nacionales y con escalas como el IIEF: la ED afecta a un porcentaje sustancial de hombres y su prevalencia sigue creciendo.

La mayor prevalencia se relaciona con factores demográficos y comorbilidades como diabetes, enfermedad cardiovascular y lesiones neurológicas, lo que subraya la necesidad de terapias que aborden no solo síntomas sino también mecanismos vasculares y neurogénicos.

Ante esta realidad, la industria y la investigación han desarrollado varios dispositivos con distintos objetivos: restaurar función, rehabilitar tras cirugía o preservar longitud y satisfacción sexual. Sin embargo, la calidad de la evidencia y la regulación varían significativamente entre tecnologías.

Ondas de choque de baja intensidad (Li‑ESWT): evidencia y límites

La Li‑ESWT ha sido uno de los desarrollos más mediáticos. Una revisión Cochrane 2025 que incluyó 21 estudios y 1.357 varones concluye que Li‑ESWT puede producir un pequeño efecto a corto plazo y alguna mejora a largo plazo sobre la función eréctil, aunque la certeza de la evidencia es baja y faltan datos sobre satisfacción mantenida en el tiempo.

Metaanálisis y ensayos recientes (2024, 2026) muestran resultados heterogéneos: varios ECA encuentran mejoras en puntuaciones IIEF en ED de origen vasculogénico, pero los protocolos aplicados (energía, número de pulsos y sesiones) son muy variables, lo que dificulta recomendaciones estandarizadas.

Desde el punto de vista regulatorio, a febrero de 2026 no existe una aprobación de la FDA específica para dispositivos de ondas de choque indicados para ED. Sociedades como la SMSNA recomiendan ofrecer Li‑ESWT sólo en el contexto de protocolos de investigación hasta que haya evidencia robusta y estandarizada. Precaución frente a centros o marcas que anuncian supuestas “aprobaciones FDA” para este uso.

Combinaciones regenerativas: Li‑ESWT + PRP y otras estrategias

La tendencia hacia enfoques combinados ha llevado a estudiar Li‑ESWT junto con terapias regenerativas como el plasma rico en plaquetas (PRP). Un metaanálisis de RCTs (2025) con 7 estudios y 660 pacientes encontró que añadir PRP a Li‑ESWT mejoró las puntuaciones IIEF a las 12 y 24 semanas frente a controles.

Aunque prometedores, estos resultados requieren ensayos de mayor tamaño y seguimiento más largo para evaluar sostenibilidad y seguridad. Las sociedades científicas insisten en que estas terapias se consideren investigacionales hasta disponer de datos más definitivos.

Además, estudios observacionales sugieren que combinar modalidades (por ejemplo ESWT + VED + tadalafil) puede producir mejores resultados clínicos en curvas de Peyronie y función eréctil, pero también en estos casos la evidencia randomizada y multicéntrica es escasa.

Dispositivos de tracción peneana (PTT) y la innovación RestoreX

Los sistemas de tracción han evolucionado: generaciones previas requerían varias horas diarias, lo que afectaba la adherencia. RestoreX es una innovación diseñada para sesiones más cortas (30, 90 min/día) y ha sido evaluada en ensayos aleatorizados y seguimientos clínicos.

Los resultados mostraron ganancias medias de longitud peneana de aproximadamente +1,6 cm con RestoreX frente a +0,3 cm en controles, además de mejoras en dominios del IIEF en hombres con Peyronie o tras prostatectomía. Esta optimización del tiempo de uso mejora la tolerancia y la viabilidad del tratamiento domiciliario.

Guías recientes (EAU 2025) y revisiones apoyan el papel de la tracción como terapia complementaria, por ejemplo para preservar longitud o potenciar los efectos de inyecciones intralesionales en Peyronie. No obstante, la calidad de la evidencia varía y la selección adecuada del paciente es determinante.

Bombas de vacío (VED) y dispositivos vibratorios

Los dispositivos de vacío (VED) mantienen una larga trayectoria como opción no farmacológica. Un metaanálisis 2025 que incluyó 18 estudios y 1.065 pacientes reportó una eficacia global elevada, con una tasa combinada cercana al 80% de éxito en relaciones/intercursos en ED refractaria.

Las VED son útiles también en rehabilitación pos‑prostatectomía, ayudando a preservar longitud y mejorar puntuaciones de IIEF, y pueden usarse complementariamente con inhibidores PDE5. Los efectos adversos suelen ser leves: hematomas, molestias o sensación fría en el glande.

Por otro lado, dispositivos vibratorios como Viberect (que cuenta con clearance/aprobación de la FDA para su uso aprobado) muestran en estudios pequeños un efecto erectogénico mediante estimulación pudendo‑cavernosa. Se emplean como alternativa no invasiva y en estrategias de recuperación posquirúrgica, aunque la evidencia sigue limitada a series y estudios de tamaño reducido.

Neuromodulación, dispositivos directos al consumidor y consideraciones regulatorias

La neuromodulación , sacra, tibial o periférica, ha mostrado en series y estudios observacionales mejoría en función sexual en subgrupos, sobre todo con etiología neurogénica. Sin embargo, la evidencia clínica es preliminar, heterogénea y requiere ensayos aleatorizados específicos.

En paralelo, ha surgido un mercado directo al consumidor con dispositivos domésticos basados en ondas acústicas o “acoustic wave” (por ejemplo servicios comercializados como Phoenix, GAINSWave y otros). Muchos de estos productos carecen de aprobación regulatoria específica para ED y sus reclamos médicos superan la evidencia clínica consolidada.

Ante esto, organizaciones como la SMSNA insisten en que terapias “restaurativas” (Li‑ESWT, PRP, terapias celulares) se ofrezcan preferentemente en el contexto de ensayos aprobados, y recomiendan que pacientes consulten con urólogos antes de iniciar tratamientos comerciales. La vigilancia regulatoria y la transparencia en la publicidad son esenciales.

Prótesis penianas, recubrimientos antibióticos y formación quirúrgica

Las prótesis penianas siguen siendo la solución más eficaz para ED refractaria a otras terapias. Innovaciones en recubrimientos antibióticos e hidrofílicos (InhibiZone, soluciones con rifampicina/gentamicina) han reducido las tasas de infección asociadas al implante.

Un estudio real‑world que analizó 18.475 pacientes reportó una tasa global de infección aproximada del 3,1% a los 3 años. Factores de riesgo identificados incluyen diabetes, cirugías de revisión y tiempos operatorios prolongados, lo que hace clave la selección del paciente y la técnica quirúrgica.

Además, la formación quirúrgica ha mejorado con simuladores y modelos 3D/impresión publicados en 2024, 2025. Estas herramientas validadas permiten adquirir habilidades en cirugía de prótesis y reconstrucción por Peyronie a menor coste y con mayor seguridad antes de la práctica clínica real.

En la práctica clínica existen riesgos y efectos adversos típicos según el dispositivo: hematomas y molestias con VED, complicaciones mecánicas o infecciosas en prótesis, y variabilidad en tolerancia y adherencia con PTT. La correcta selección del paciente y el acompañamiento clínico son determinantes del éxito.

La tendencia general entre 2024 y 2026 es hacia terapias menos invasivas y regenerativas, pero la comunidad urológica solicita RCTs multicéntricos, protocolos estandarizados y control regulatorio antes de integrar masivamente muchas de estas tecnologías en la práctica habitual.

Para pacientes y clínicos, la recomendación práctica es priorizar tratamientos con evidencia robusta, considerar opciones complementarias dentro de ensayos cuando sea posible y evitar intervenciones domiciliarias no reguladas sin asesoría urológica.

En resumen, las innovaciones tecnológicas ofrecen oportunidades reales para mejorar la salud sexual masculina, pero su adopción debe equilibrarse con prudencia científica y supervisión clínica.