CES 2026 se convirtió otra vez en un escenario donde la intersección entre tecnología y sexualidad llamó la atención pública: desde muñecas-compañera con IA hasta robots humanoides que conversan de forma prolongada. La discusión sobre sextech con IA ocupó titulares por la novedad técnica y por las interrogantes éticas y de privacidad que resurgen con cada avance.

Entre el 6 y el 9 de enero de 2026, en Las Vegas, más de 4,100 expositores mostraron innovaciones en un espacio mayor a 2.6 millones de pies cuadrados; en ese contexto, empresas como Lovense y Realbotix presentaron dispositivos pensados como «compañeros» y no solo como juguetes sexuales, lo que reavivó debates sobre posicionamiento, regulación y riesgos.

Lo más destacable: Emily de Lovense y las demos de Realbotix

Uno de los estrenos más comentados fue «Emily», la muñeca-compañera con IA que presentó Lovense en CES 2026. Emily es un cuerpo de silicona a tamaño real con esqueleto posable y movimiento facial limitado (principalmente boca y parpadeo), acompañada por una IA propietaria que, según la compañía, «recuerda» interacciones para adaptar su personalidad.

En paralelo, Realbotix llamó la atención con una demostración pública en la que dos robots humanoides, Aria y David, mantuvieron una conversación no guionizada durante más de dos horas. El CEO Andrew Kiguel afirmó: «This is a true demonstration of physical AI in action… Seeing Aria and David knowingly converse directly with one another … reinforces the strength of our technology.»

Los medios y analistas destacaron la mezcla de asombro técnico y preocupación pública: Engadget, CNET y otros subrayaron la promesa de cognición y comportamiento expresivo, pero recordaron vulnerabilidades históricas en apps conectadas y urgieron precaución sobre privacidad y seguridad.

Tecnología, funcionalidades e integración en ecosistemas

Lovense promocionó a Emily como parte de su ecosistema: integración Bluetooth/app que permite interacción remota, mensajería dentro de la aplicación y generación de «selfies IA» que reflejan su apariencia física. La compañía presenta la memoria y la adaptabilidad de la IA como el núcleo del producto.

El diseño de hardware combina silicona realista y un esqueleto posable para variaciones en postura, mientras que la IA gestiona estados conversacionales y recuerdos. Sin embargo, las capacidades expresivas faciales son limitadas (movimiento de boca y parpadeo), lo que sugiere que gran parte del peso de la experiencia recae en el software conversacional.

Varias empresas han optado por reposicionar sus ofertas como «compañeros emocionales» en lugar de «muñecas sexuales» para cumplir políticas feriales y mejorar la percepción pública. En muchos casos se han eliminado o vendido por separado partes anatómicas para respetar reglas de eventos como CES.

Precios, listas de espera y segmentación del mercado

Lovense situó a Emily en un rango de precios que medios citan aproximadamente entre US$4,000 y US$8,000 según el nivel de personalización, y abrió listas de espera con un depósito reportado de US$200; la empresa prevé lanzamiento comercial en 2027. Esta práctica de pre‑venta y depósitos es común en el sector para medir demanda y financiar producción.

Al mismo tiempo, fabricantes como Realbotix y Abyss/RealDoll muestran opciones de lujo cuyo coste puede ascender a decenas o cientos de miles de dólares en versiones premium o modulares. En el otro extremo, la teledildónica y dispositivos conectados más pequeños mantienen precios de consumo masivo, lo que deja al sector dividido entre DTC accesible y nichos de lujo.

Esta heterogeneidad refleja un mercado amplio: desde accesorios y juguetes conectados hasta robots humanoides completos, con modelos comerciales que incluyen venta directa, cuerpos y accesorios por separado, y servicios de suscripción o integración con apps propietarias.

Privacidad, seguridad y riesgos de datos

Los expertos en seguridad y periodistas recordaron incidentes previos en plataformas conectadas: fallos y vulnerabilidades en apps de control de juguetes en años recientes (por ejemplo problemas reportados desde 2017) que demostraron riesgos reales de exposición de datos y control remoto no autorizado. La combinación de IA con «memoria» y conectividad eleva esos riesgos.

Si los dispositivos almacenan recuerdos personales, conversaciones o imágenes, sin cifrado fuerte y políticas claras de minimización y retención, las posibilidades de doxxing, filtración o uso abusivo aumentan. Analistas piden transparencia sobre dónde se procesan datos (local vs nube), qué se entrena y cómo se protege la información sensible.

Además, la aparición de funciones como generación de «selfies IA» y modelos conversacionales plantea riesgos añadidos de deepfakes y AI‑IBSA (pornografía no consensuada creada por IA). Organizaciones y académicos han exigido normativas que obliguen a estándares mínimos de privacidad y medidas técnicas para mitigar estos peligros.

Tamaño del mercado y adopción de compañeros IA

Las estimaciones sobre el mercado global de sextech y sex toys varían según la consultora, pero informes de finales de 2025/2026 sitúan valoraciones en decenas de miles de millones USD: por ejemplo, cifras reportadas de ~US$41, 49 mil millones para 2025/2026, con CAGR proyectado en torno al 8, 9% y proyecciones que apuntan a US$80, 100 mil millones hacia 2030, 2035 según metodologías. Estas proyecciones reflejan inclusión de hardware, software y servicios conectados.

La adopción de agentes y «compañeros» IA está creciendo rápidamente: encuestas como la de Common Sense Media (2025) encontraron que alrededor del 72% de adolescentes en EE. UU. han probado companions IA, y un estudio del Wheatley Institute (2025) reportó que cerca del 19% de adultos estadounidenses habían hablado con un «compañero romántico IA». Estos datos muestran una normalización temprana, especialmente entre jóvenes.

El crecimiento del mercado, junto con la diversidad de precios y ofertas, sugiere que la sextech con IA encontrará tanto consumidores que buscan intimidad y compañía como nichos de lujo dispuestos a pagar por experiencia física avanzada.

Ética, regulación y llamadas a estándares

Frente a los avances, académicos, ONGs y analistas reclaman marcos regulatorios y estándares específicos para la sextech con IA. Las preocupaciones van desde la protección de datos sensibles hasta la prohibición de entrenar modelos con material sexual sin consentimiento y medidas contra la creación de deepfakes íntimos.

Los expertos piden requisitos claros: cifrado de extremo a extremo cuando procede, minimización de datos, transparencia en políticas de retención y acceso, auditorías independientes de seguridad y ética, y prohibiciones o limitaciones sobre usos que faciliten el abuso o la explotación.

La industria misma ha empezado a reaccionar, en parte reposicionando productos como «compañeros emocionales» y en parte ofreciendo cuerpos y accesorios por separado para sortear reglas feriales. Sin embargo, los llamados a una regulación efectiva , que incluya protección de consumidores, se intensificaron en CES 2026 y seguirán siendo urgentes a medida que la tecnología avance.

El arribo de muñecas-compañera como Emily y las demos de robots conversadores resumen a la vez el potencial técnico y las complejidades sociales de la sextech con IA: innovación, mercado en expansión y retos no resueltos de privacidad y ética. CES 2026 sirvió para mostrar que la tecnología ya está disponible y que su impacto será tanto económico como cultural.

La discusión continuará en 2026 y más allá: será clave combinar innovación con estándares robustos, transparencia empresarial y vigilancia regulatoria para maximizar beneficios y reducir daños. Para consumidores y profesionales, la recomendación práctica es informarse sobre prácticas de seguridad, condiciones de pre‑venta y políticas de privacidad antes de adoptar estos nuevos productos.